
Reconozco que el chaval no es santo de mi devoción. Me parece un esperpento falto de gracia y recursos, un muñequito tan inanimado como los peluches que dan nombre a su horrible programa en las manos de guiones de risas enlatadas (de ellos mismos). (Casi) Nunca lo veo, me produce un terrible desasosiego entre la verguenza ajena y la mala leche. Las (pocas) veces que ocurre, (tiene una franja inmejorable), me pasa lo que pude ver durante la entrevista con el bueno de Enrique San Francisco: levanto mi pequeña voz suplicando la eliminación de este estupido programa de la parrilla. San Francisco, y por resumir, finalmente abdico su innegable superioridad (en todos los campos) en favor de su entrevistador. Tuvo la oportunidad de destrozarle usando simplemente las palabras, y justo antes del corte de publicidad, sintió compasión. Lastima. El simple hecho de hacerle cambiar de silla y perder momentaneamente el control de su barquillo, o el no seguir las pautas de sus entrevistas aburridas y trilladas vuelan la cabeza del pobre Pablo. En definitiva fué otra mierda de programa a mayor gloria de las nulas habilidades de su conductor, (¿por que demonios siempre tiene que robar plano a su invitado tratando de demostrar que se atreve con todo?). Y una última reflexión: me niego a creer que el ser humano que se disfraza de profesor chiflado sea en realidad idiota. Se debe tratar de un gran actor. Flipy en el papel de imbecil lo borda.
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